Natalicio de Belgrano

Manuel Belgrano, nacido un 3 de junio de 1770 fue una figura formada en las ideas que marcarían transformaciones a nivel social, político y económico en nuestra patria.

En 1794 regresó a Buenos Aires con el título de abogado y con el nombramiento  otorgado por el rey Carlos IV de Primer Secretario del Consulado, organismo colonial dedicado a fomentar y controlar las actividades económicas.

Comprendiendo que en esa economía colonial los dueños de la tierra detentaban riqueza y poder, a la vez que las libertades individuales estaban sometidas en ese esquema que generaba una terrible desigualdad, desde su puesto comenzó a generar acciones destinadas a promover las industrias y el acceso a la educación para capacitar a la gente de modo que aprendiera oficios y pudiera aplicarlos en beneficio propio y del país. Creó escuelas de dibujo técnico, de matemáticas y de náutica.

Sus ideas innovadoras quedaron documentadas en sus informes anuales del Consulado,  en los que intentó por todos los medios fomentar la industria y modificar el modelo de producción vigente, promoviendo nuevas actividades económicas no relacionadas con la explotación de la tierra, entendiendo que las materias primas y su posterior manufactura no redundaban en el progreso social a largo plazo.

Desconfiaba de la riqueza fácil que prometía la ganadería que daba trabajo a muy poca gente y desalentaba el crecimiento de la población concentrando la riqueza en pocas manos. Su obsesión era el fomento de la agricultura y la industria, para lo que proponía proteger las artesanías y las pequeñas industrias locales subvencionándolas mediante “(…) un fondo con destino al labrador ya al tiempo de las siembras como al de la recolección de frutos”.

Sostenía que “(…) el mejor medio de socorrer la mendicidad y miseria es prevenirla y atenderla en su origen”.

El pensamiento de este gran prócer de increíble valor en las batallas por nuestra independencia, creador de nuestra bandera, fue muy avanzado para la época, de una actualidad que asombra y admira.

Aquel hombre sensible se nos fue un 20 de junio de 1820 en una fría mañana de invierno, olvidado por sus contemporáneos y hasta maltratado por las autoridades que le negaron la ayuda que necesitaba, mientras en plena guerra civil Buenos Aires tenía tres gobernadores en un mismo día.

Muero tan pobre que no tengo con qué pagarle el dinero que usted me prestó“, le dijo Belgrano a su amigo José Balbín, quien lo había ido a visitar poco antes de morir.
Y no tranquilo con eso  “Pero ese dinero no lo perderá, el gobierno me debe algunos miles de pesos de mis sueldos, y luego que el país se tranquilice se los pagarán a mi albacea, quien queda encargado de satisfacer la demanda“, continuó Belgrano a modo de despedida.

A 250 años de su nacimiento, recuperamos hoy la enorme figura de un prócer visionario de nuestra patria.