Hace 38 años, los argentinos volvíamos al cuarto oscuro a elegir autoridades después de una larga espera que se había iniciado con el quiebre institucional el 26 de marzo de 1976 y que nos sumió en una larga y negra noche.
Para octubre de 1983, la sociedad daba muestras más que destacadas de la necesidad de recuperar las libertades civiles. En el ámbito cultural, la propuesta de Teatro Abierto, iniciada dos años antes, mostraba la fuerza de los artistas y el acompañamiento del público para oponerse a la dictadura. En el campo social, los organismos de derechos humanos como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, acompañadas por figuras como Adolfo Pérez Esquivel -premio Nobel de la Paz en 1981- visibilizaban un cambio en la mentalidad de la sociedad e invitaban a todo el arco político a estar a la altura.
Electo Raúl Alfonsín de manera legítima por el pueblo, bajo su mandato se llevó adelante un hito que aún sigue siendo ejemplo en el mundo: el juicio a la Juntas Militares por Crímenes de Lesa Humanidad que incluyeron desaparición forzada de ciudadanos argentinos y extranjeros y la sustracción y apropiación de los hijos nacidos en cautiverio de detenidas y desaparecidas. Este hecho histórico se mantiene hasta nuestros días ya que son delitos que no prescriben.
Así fue como se volvió a las calles, a tomar el espacio urbano para expresar las ideas y la juventud tuvo mucho que ver en este renacer ya que fue la guardiana de la semilla del árbol que hoy nos da una fresca y frondosa sombra y bajo la cual construimos, a diario, un país mejor, más inclusivo y justo.
La libertad alcanzada un día como hoy fue el esfuerzo de muchos compatriotas que sufrieron la persecución, la cárcel, el exilio y hasta la muerte. Seamos fieles defensores y honremos la democracia alcanzada con tolerancia, pluralismo y justicia.